Terrorismo y tecnología

Hay factores que tienden a influir de forma violenta o inusitada en nuestros estilos de vida, golpeando nuestras perspectivas y visión del entorno. Desde hace menos de dos décadas tenemos el peso de la tecnología y el terrorismo cambiado de manera abrupta nuestro hacer.
Ya es imposible pensar en vivir sin el uso de los elementos tecnológicos que hacen menos privada nuestra existencia. Estamos atados a un teléfono móvil que ha secuestrado uno de nuestros miembros y casi la totalidad de nuestra mente. No hace mucho tiempo atrás podíamos esperar para recibir o responder a una llamada. Estamos en el estilo de vida de los milenials, que todo es para ayer.  Vivimos tan apegados a los usos y maneras de la tecnología actual, que hasta hemos dejado de hablar para textear, enviar fotos o llevar la vida y opiniones ajenas.  El mercadeo se ha apoderado de nuestras visiones y hemos abandonado el uso original del celular, esperando que unos genios de la mercadología nos hagan descubrir nuevamente el teléfono.
La tecnología también ha invadido la seguridad y la guerra. Ante una agresión política como es el terrorismo hay acciones tecnológicas. Quizá no tan eficientes para disuadirlo pero que sirven para vender mercancías a los fines de neutralizar sus efectos o encontrar a los autores o cómplices.
Los terroristas yijadistas, por ejemplo, ante el asedio de la tecnología mantienen su inmoral conducta, pero abandonan los elementos militares para usar artefactos de la vida cotidiana. El más usado instrumento del terrorismo es el vehículo de motor. Son máquinas de terror que aplican a sus funestas actividades con el sacrificio de los verdugos a cargo.
Los terroristas, para ejecutar sus acciones no requieren de tener armas de fuego o fabricar bombas, pueden robar un vehículo para embestir multitudes o atisbar la concentración de personas en cualquier punto para actuar impunemente.
Es una labor difícil de detectar. Lo único que tienen a su favor los países de Europa es el factor de origen, aunque muchos musulmanes nativos mantienen una vida irreprochable, mediante el espionaje se puede dar seguimiento a los individuos de tal ascendencia.
Ante las experiencias de España, Inglaterra y Francia se rediseñan los espacios públicos para impedir la penetración de vehículos motorizados y las acciones de terror

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